jueves, 16 de noviembre de 2017

CORRER

Correr es tan sencillo o complicado como pueda verse. 

Es sencillo porque no se requiere de aditamentos especiales, sólo un espacio libre para recorrer y calzado adecuado. Esto último incluso estaría en duda pues los rarámuris de México corren con huaraches, lo que sin duda no es considerado "calzado adecuado" para el resto de los corredores del mundo occidental. No obstante, demuestran que para correr basta con la motivación y los kilómetros por delante para recorrer.

Es complicado porque requiere disciplina y perseverancia. Aunque el ser humano está diseñado para correr, no todos lo hacen ya sea por pereza, falta de tiempo o porque les aburre recorrer distancias sin metas definidas o puntos por anotar, como si correr fuera una ocupación ociosa que no retribuye satisfacción alguna en el corto plazo. 

Los que corremos a nivel recreativo, podemos afirmar que correr es una de las experiencias más placenteras, pues no sólo nos permite estar en forma sino que representa nuestro momento de introspección y reflexión, o bien, el momento en que podemos estar con nosotros mismos y escuchar música, disfrutar de paisajes (de todo tipo) y aceptar gustosos las descargas de endorfinas (1) que secreta nuestro cerebro. 

El inicio nunca es sencillo. Como nada que valga la pena. Una mañana (o tarde, o noche) se decide levantarse, calzarse los tenis y echarse a andar a paso veloz.

Así es correr. Vale la pena. 



(1) Las endorfinas funcionan como neurotransmisores. Se producen cuando el organismo experimenta excitación, dolor, consumo de alimentos picantes o chocolate. Pero también las produce el organismo cuando experimenta sensaciones como el enamoramiento o el orgasmo. Tienen además, un efecto analgésico y de sensación de bienestar. 





martes, 26 de enero de 2016

Soñé con mi tío Chente

En la noche, mientras dormía, soñé con mi tío Vicente. Chente, como cariñosamente le decía. Se encontraba en la parte superior de una escalera de piedra, veía hacia abajo, hacía donde yo me encontraba. Se detenía en el centro del umbral de lo que parecía ser un pórtico, y una inmensa luz blanca difuminaba su contorno y lo rodeaba casi por completo. 

-¡Chirín!-, me llamó.

Lo escuché con claridad y subí lentamente la escalera. Sabía que era él sin duda alguna. Su barba, su estatura, su complexión, sus maneras, todo lo delataban. Pantalón de pana café, suéter amarillo y playera tipo polo. Su reloj y sus pulseras. Todo él un recuerdo vivo, por lo menos en mi sueño. Cuando estuve cerca de él pude sentir calor. 

Lo abracé, y su calidez me llamó la atención de manera particular. Estaba tibio, su cuerpo emanaba el calor de un cuerpo vivo. Lejos de aquella frialdad de su cuerpo inerte cuando yacía inmóvil en su cama el día que murió. 

Gracias tío. No quisiera soltar tu abrazo. No quisiera que te fueras tan pronto. Todavía siento tu calor y escucho tus palabras. Tras un beso, nos despedimos. 

Ayer fue una hermosa noche, soñé con mi tío Chente.