martes, 26 de enero de 2016

Soñé con mi tío Chente

En la noche, mientras dormía, soñé con mi tío Vicente. Chente, como cariñosamente le decía. Se encontraba en la parte superior de una escalera de piedra, veía hacia abajo, hacía donde yo me encontraba. Se detenía en el centro del umbral de lo que parecía ser un pórtico, y una inmensa luz blanca difuminaba su contorno y lo rodeaba casi por completo. 

-¡Chirín!-, me llamó.

Lo escuché con claridad y subí lentamente la escalera. Sabía que era él sin duda alguna. Su barba, su estatura, su complexión, sus maneras, todo lo delataban. Pantalón de pana café, suéter amarillo y playera tipo polo. Su reloj y sus pulseras. Todo él un recuerdo vivo, por lo menos en mi sueño. Cuando estuve cerca de él pude sentir calor. 

Lo abracé, y su calidez me llamó la atención de manera particular. Estaba tibio, su cuerpo emanaba el calor de un cuerpo vivo. Lejos de aquella frialdad de su cuerpo inerte cuando yacía inmóvil en su cama el día que murió. 

Gracias tío. No quisiera soltar tu abrazo. No quisiera que te fueras tan pronto. Todavía siento tu calor y escucho tus palabras. Tras un beso, nos despedimos. 

Ayer fue una hermosa noche, soñé con mi tío Chente. 

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